Ese pequeño Duende
Todos tenemos esa vocecita interior que, aunque a veces grite, no siempre conseguimos escuchar. A mí me gusta llamarla «nuestro pequeño Duende».
Dicen que los duendes aparecen y desaparecen cuando menos lo esperamos. Y algo parecido sucede con nuestra voz interior. A veces la escuchamos con claridad y otras parece que ha desaparecido. Pero no es así. Sigue ahí, aunque nosotros no siempre sepamos escucharla.
Está ahí, acompañándonos, aunque muchas veces no nos demos cuenta. A veces nos habla bajito y otras intenta hacerse escuchar con más fuerza. Nos habla cuando menos lo esperamos, cuando tenemos dudas o cuando algo dentro de nosotros nos dice que prestemos atención.
Ese pequeño Duende no es nadie ajeno a nosotros. Somos nosotros mismos, esa parte que a veces olvidamos escuchar entre tantos pensamientos, preocupaciones y cosas que suceden a nuestro alrededor.
Quizás solo necesitemos detenernos un momento, bajar el volumen de todo lo que nos rodea y prestar un poco más de atención.
Porque a veces esa vocecita se manifiesta como una sensación difícil de explicar, como algo que no termina de encajar o que simplemente nos hace sentir que deberíamos mirar las cosas de otra manera.
Pero estamos tan entretenidos escuchando música a todo volumen que ni siquiera nos damos cuenta de que nuestro pequeño Duende está intentando decirnos algo.
Y quizás lo único que necesitemos sea parar y escucharnos un poquito más.

